“La banda nos visita”, “La edad de la ignorancia”, “Todos estamos invitados”, “Rebobine, por favor”
Recomendado por Jerónimo José Martín.
La banda nos visita
Bikur Hatizmoret / The Band’s Visit)
***** (9)
Director y guionista: Eran Kolirin. Intérpretes: Sasson Gabai, Ronit Elkabetz, Saleh Bakri, Khalifa Natour, Imad Jabarin, Tarak Kopty, Hisham Khoury, François Khell. Tragicomedia. Israel-Francia. 2007. Manga Films. 11-04-08. 90 min.
Hay buenas películas que tienen mala suerte y ven limitada su distribución internacional por condicionantes singulares. Es el caso de La banda nos visita, espléndido primer largometraje del joven cineasta israelí Eran Kolirin. Tras ganar el Premio Fipresci —de la Crítica Internacional— en el Festival de Cannes 2007, la Academia Israelí de Cine eligió esta película para competir por el Oscar al mejor filme en lengua no inglesa, que podría haber ganado perfectamente. Sin embargo, la Academia de Hollywood rechazó su selección por exceso de diálogos en inglés. Este revés ha retrasado demasiado el estreno internacional de este filme memorable y que, mientras tanto, ha seguido cosechando galardones: Película Descubrimiento y mejor actor (Sasson Gabai) en los Premios del Cine Europeo 2007; Premio a mejor guión y dirección novel en la Seminci de Valladolid 2007; Premio a la mejor película en el Festival de Tokio 2007...
La película recrea las tragicómicas desventuras de una banda de música egipcia, perteneciente a la Policía de Alejandría, y dirigida por el comandante Tewfiq, un viudo cumplidor y exigente, pero a la vez cariñoso y con un atractivo sentido de la moralidad. Viajan a Israel para participar en la inauguración de un Centro Cultural Árabe en una pequeña ciudad de allí. Pero, la embajada egipcia se desentiende de ellos, toman un autobús equivocado y acaban en un asentamiento israelí perdido en mitad del desierto del Negev, sin hoteles ni nada parecido. Allí los músicos son acogidos en las propias casas de diversos habitantes del lugar, iniciándose así un entramado de relaciones interculturales, a cuál más singular. La más interesante es la que mantienen el formal Tewfiq con una mujer muy traqueteada por la vida y aparentemente frívola, que regenta un bar bastante cutre.
Casi todo en esta película es de una sutileza y una humanidad muy poco habituales en el cine contemporáneo. Cautiva sobre todo la hondura antropológica y dramática del guión, que entra a fondo en cuestiones morales de primer orden —el mestizaje cultural, las relaciones padres-hijos, la vacía soledad del hedonismo, la unidad familiar, el honor, la responsabilidad...—, desde una perspectiva lúcida y nada complaciente —sobre todo respecto a la caótica y agresiva sociedad israelí—, pero que nunca rebaja la entrañable autenticidad de los personajes, muy cercanos al espectador tanto en sus grandezas como en sus miserias. En este sentido, Eran Kolirin muestra un talento especial para pasar del drama más afilado a la comedia más disparatada, sin solución de continuidad y con resultados excelentes en uno y otro ámbito.
Además, el guión es traducido en película magistralmente, a través de una dirección de actores sublime, y sencillamente antológica respecto al veterano Sasson Gabai, que da vida al comandante Tewfiq. Lo curioso es que Kolirin logra esos resultados con un arriesgado estilo de interpretación hipersobria, casi estólida, cercana a la que realizaban cómicos clásicos como Buster Keaton o Jacques Tati, y a la que emplea habitualmente el genial cineasta finlandés Aki Kaurismäki, principal referente de Kolirin también en su desnuda y fascinante puesta en escena. Una factura de impactante planificación minimalista —llena de simbolismos y efectos fuera de campo—, con una fotografía de alto impacto dramático y un montaje muy atrevido, especialmente eficaz en los numerosos golpes de humor, algunos sensacionales. Queda, en fin, una pequeña obra maestra, divertida, profunda y emotiva a la vez, que renueva a fondo las convenciones de la comedia y muestra las potencialidades del cine como medio de acercamiento a la realidad, aunque ésta sea tan espinosa y compleja como las relaciones entre israelíes y egipcios. Jerónimo José Martín.
La edad de la ignorancia
L’Âge des Ténèbres
*** (7)
Director y guionista: Denys Arcand. Intérpretes: Marc Labrèche, Diane Kruger, Emma de Caunes, Rufus Wainwright, Sylvie Léonard, Caroline Néron, Didier Lucien. Tragicomedia. Canadá. 2007. Golem. 11-04-08. 104 min.
Desde 1962, el cineasta canadiense francófono Denys Arcand ha dirigido una veintena de películas interesantes, rompedoras e iconoclastas, que prácticamente no han salido del circuito de arte de ensayo. En 1989, sorprendió su Jesús de Montreal, singular acercamiento a la figura de Jesucristo. Y, sobre todo, tres años antes, en 1986, triunfó internacionalmente con El declive del sueño americano, durísima radiografía de la postmoderna sociedad norteamericana, con la que ganó numerosos premios y la candidatura al Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Dieciséis años después, en 2003, ganó finalmente esa preciada estatuilla y la candidatura al Oscar al mejor guión original con Las invasiones bárbaras, otra afilada radiografía social, protagonizada por los mismos personajes de El declive del sueño americano. Ahora, el veterano director canadiense completa su personalísima trilogía sobre la degradación moral de Norteamérica con La edad de la ignorancia —La edad de las tinieblas, según su título original—, esta vez con personajes diferentes.
El protagonista es Jean-Marc, un don nadie de cuarentaymuchos años, aburrido funcionario del hiperpaternalista Estado de Québec, hastiado marido de una yuppie hiperactiva y egoísta, y apático padre de dos adolescentes que van a su bola desde que nacieron y que están siempre enganchadas a algún aparato electrónico. Lo único que salva a Jean-Marc de la desesperación y el suicidio es su imaginación, que le permite figurarse como un caballero con brillante armadura, una estrella del escenario y la pantalla, o un novelista de éxito que tiene a las mujeres rendidas a sus pies. En concreto, tiene cuatro bellas mujeres imaginarias con las que realiza sus fantasías sexuales y laborales. Hasta que un día se cansa de su patética situación y decide afrontar de cara la dura realidad.
Al igual que en las anteriores entregas de esta ácida trilogía, Arcand machaca sin piedad las incoherencias e hipocresías de lo políticamente correcto, y muestra sin tapujos la vacuidad de la sociedad individualista, burocrática e insolidaria, que domina en los países occidentales. Una sociedad, según él, sin valores humanistas ni morales, en la que todo vale, y en la que sólo cuenta la apariencia, el dinero, el poder y la autoafirmación. En ese mundo desolador, hasta la religión ha adquirido perfiles grotescos e irritantes. Todo esto lo recrea Arcand con un guión chispeante, que integra las reflexiones y la acción con suma habilidad, y permite el lucimiento de unos actores excelentes, casi todos ellos fogueados en el teatro y la televisión. Además, redondea el conjunto con una sensacional puesta en escena, siempre muy visual y sorprendente en sus audaces encuadres y efectos de montaje.
Sin embargo, pesa mucho el deprimente pesimismo de la mirada de Arcand, el cierto histrionismo que impone a sus personajes y el tono permisivo y grosero de su retrato de la hipersexualización de la sociedad actual. De hecho, esas constantes obsesiones eróticas del protagonista y otros personajes resultan reiterativas, alargan la trama innecesariamente y acaban distrayendo al espectador de otras perspectivas mucho más interesantes. De todas formas, se trata de un filme valioso tanto en su resolución formal e interpretativa como en su tratamiento de fondo. Jerónimo José Martín.
Todos estamos invitados
*** (6,5)
Director: Manuel Gutiérrez Aragón. Intérpretes: Óscar Jaenada, José Coronado, Vanessa Incontrada, Iñaki Miramón, Adolfo Fernández, Kike Díaz de Rada, Leire Ucha, Iñaki Font. Drama. España. 2008. Alta Classics. 11.04-08. 90 min.
El cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón llevaba una década en baja forma, con unas cuantas películas sugerentes en sus planteamientos y decepcionantes en su resolución: Cosas que dejé en La Habana, Visionarios, El Caballero Don Quijote, La vida que te espera, Una Rosa de Francia... Ahora vuelve a remontar el vuelo con Todos estamos invitados, en la que afronta con valentía el peliagudo tema del terrorismo y el miedo en el País Vasco, a partir de un guión original de Ángeles González-Sinde y el propio Gutiérrez Aragón
La acción transcurre sobre todo en San Sebastián, e hilvana las historias entrecruzadas de Josu Jon —un joven terrorista que queda amnésico tras un accidente—, Xabier —un profesor universitario que es amenazado por ETA tras hace públicas sus opiniones contra la banda terrorista— y la novia de éste, Francesca, una italiana que trabaja como terapeuta en el hospital psiquiátrico donde está internado Josu Jon. La propia ETA hace tambalear este inestable triángulo de amistades, y vuelve a instaurar en la ciudad un clima de terror.
Desde luego, hay que agradecer al veterano Manuel Gutiérrez Aragón su valentía al denunciar el terrorismo etarra y, sobre todo, ese silencio cómplice hacia sus acciones, que atenaza a una buena parte de la población del País Vasco. También sorprende gratamente la ponderación de su galería de personajes y la eficaz sobriedad de su puesta en escena, subrayada por la bella partitura de Ángel Illarramendi. Hasta su visión del catolicismo resulta matizada y profunda —sobre todo respecto a la caridad, el arrepentimiento y el perdón—, y propicia una excelente secuencia en torno a la confesión de uno de los personajes.
Sin embargo, la película chirría por culpa de algunos diálogos e insertos oníricos demasiado artificiales, de la interpretación de José Coronado —muy inferior a las de Óscar Jaenada y Vanessa Incontrada, ambos espléndidos— y de la excesiva frialdad dramática de la película, a la que falta un punto de emotividad, especialmente en la secuencias de acción y atentados. De todas formas, queda una película bastante digna, que obliga al espectador a pensar la situación y tomar partido. Jerónimo José Martín.
Rebobine, por favor
Be Kind Rewind
** (6)
Director y guionista: Michel Gondry. Intérpretes: Jack Black, Mos Def, Danny Glover, Mia Farrow, Melonie Diaz, Sigourney Weaver. Comedia. EE.UU. 2008. Universal. 11-04-08. 101 min.
Mike trabaja en el mugriento videoclub del señor Fletcher, que amenaza ruina y sólo ofrece películas en VHS. El mejor amigo de Mike es Jerry, un pringado que anda siempre haciendo trastadas. Un día en que el Sr Fletcher ha viajado a otra ciudad para espiar a la competencia, Jerry queda magnetizado al intentar sabotear una cercana planta eléctrica. Y, tras el accidente, entra en el videoclub y, sin querer, borra todas las cintas. Para mantener la escasa clientela, Mike y Jerry graban en plan cutre diversos remakes de películas famosas. Su iniciativa tiene un gran éxito popular, que sorprende al Sr Fleccher cuando retorna al hogar.
Esta nueva comedia disparatada de Michel Gondry (Human Nature, ¡Olvídate de mí!, La ciencia del sueño) cae simpática por su crítica a la obsesión de los grandes Estudios por el dinero, y por su defensa de un cine más humano y menos comercial, y de un comunitarismo muy idealista, que haría las delicias de Frank Capra. Sin embargo, estas reflexiones positivas pierden fuerza por culpa del tono cutre y gamberro del guión, de varias interpretaciones muy histriónicas —sobre todo la de Jack Black— y de la extraña realización de Gondry, cuyo sentido dramático o cómico es difícil de precisar. Jerónimo José Martín.
21: BlackJack
21
** (6)
Director: Robert Luketic. Intérpretes: Jim Sturgess, Kate Bosworth, Laurence Fishburne, Kevin Spacey, Aaron Yoo, Liza Lapira, Jacob Pitts, Josh Gad. Drama. EE.UU. 2008. Sony. 11-04-08. Duración: 125 min.
Ben es un brillante y tímido estudiante del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el famoso MIT. Necesitado de dinero para pagarse la universidad, acepta la proposición del profesor Mickey Rosa para formar parte de un grupo de alumnos especialmente inteligentes, que viajan casi todas las semanas a Las Vegas. Su objetivo es ganar todo el dinero posible contando mentalmente cartas al black-jack, una práctica legal, pero muy perseguida en todos los casinos. Muy pronto, un veterano matón comenzará a seguirles la pista. Y, mientras, Ben y sus amigos se dejan seducir por el dinero fácil y la esquizofrenia de representar en Las Vegas un papel que nada tiene que ver con su vida real.
Inspirada en hechos reales —relatados por Ben Mezrich en su libro Bringing Down the House—, esta película se queda a medio camino entre la saga Ocean’s y las típicas tragicomedias burdas de instituto. En este sentido, Robert Luketic da una de cal y otra de arena, como ya hizo en Una rubia muy legal y La madre del novio. Así, por un lado, la película plantea una crítica certera al materialismo egoísta y a su afán de triunfo a cualquier precio. Además, dosifica hábilmente la intriga, el drama y la comedia, facilitando así el lucimiento de todos los actores, y especialmente del inglés Jim Sturgess, que confirma la enorme calidad que ya mostró en Across the Universe y Las hermanas Bolena.
Sin embargo, el conjunto es demasiado ligero y previsible, y a menudo un poco tosco en sus recursos narrativos y cómicos. Esta frivolidad se contagia en exceso a los personajes y acaba rebajando la notable capacidad de entretenimiento de esta película correcta, pero que podría haber dado mucho más de sí. Jerónimo José Martín.
